Si La vendedora de fósforos fuesa una pintura, alabaríamos su composición radial: fuerzas que irradian desde un centro y que giran de algún modo como las ruedas de una bicicleta: en el centro el cuento infantil de Hans Cristian Andersen, el número 37 de su producción: “La vendedora de fósforos” (“La niña de los fósforos” o “La pequeña cerillera”) que relata la historia de una niña obligada por su padre a vender cerillas en medio de la fría noche de año nuevo en la Copenhague del 1800. Ante la indiferencia de los transeúntes que la ven allí, comienza a encender uno por uno esos fósforos para tener algo de calor. Distintas visiones se le van a apareciendo, hasta una última final que es la de su abuela. La pobreza, el dolor, la alucinación, la muerte, tópicos todos del romanticismo literario, pictórico y musical que concentra Andersen, el escritor más importante de su país. Para completar esa cuota de romanticismo la referencia a las sonatas de Beethoven, que enmarcan musicalmente desde el piano de Margarita Fernández.

El film de Alejandro e Moguillansky (Castro, El escarabajo de oro, El loro y el cisne) es una maravilla. Narra dentro de su historia al menos dos veces el cuento completo: una cuando Marie (impecable María Villar) lo lee frente a un micrófono y una grabadora y otra mientras hojea un pequeño libro ilustrado. El marido fue seleccionado como regie de una ópera que pondrá en escena el Teatro Colón de Buenos Aires una versión del cuento de Andersen. Los ensayos de esa obra es lo que se verá en este film. El compositor, un alemán, ex terrorista de fines de los 60, que viene a estrenar una ópera contemporánea ruidista y sin personajes que habrá que ir armando.

Marie saca del vacío creativo a Walter dándole ideas para esa puesta en escena, ideas que finalmente serán aceptadas. Mientras tanto es contratada por una famosa pianista como asistente.

Ya el comienzo de La vendedora de fósforos es singularmente atrapante: a voz de Marie hará en over una enumeración de las causas, las motivaciones y los personajes que formarán parte de esta historia. Algo así como el guión dicho en voz alta a la manera de algunos ejemplos de la vanguardia francesa. En un cajón del armario Marie encontrará un dvd de la pelicula de Bresson Al azar Balthasar, veremos el fragmento y su recreación como el sueño de la niña hija de Marie devenida en símbolo de la vendedora de fósforos. También en ese cajón habrá alguna edición de El hombre robado de Matías Piñeiro. Otra referencia que no parece casual.

La voz de Marie vuelve hacia la mitad de la película para a partir de un ejercicio en el piano, cuando sale contando algo que a su vez le contó la vieja: la anécdota de un diálogo entre Gorki y Lenin y la idea de que el poder de embellecimiento de la música ablanda a las personas, dan ganas de acariciar la cabeza de la gente, dice Lenin, algo que parece incompatible con la revolución de esos años.. De ahi al paro de transporte, un gobierno que “no es precisamente de izquierda”, la izquierda como “cascabeles inexistentes”, la gente peligrosa en manos de los graves y los agudos de la orquesta,

Con el mismo sentido de irradiaciíon, el arte, la política, el momento actual, se van entrezlando en esa voz a partir de la indiferencia a una niña que dejamos morir en medio de una noche de año nuevo.

Más lo pienso y más me parece esta película de Alejo Moguilanski un camino perfecto para entender este mediado de década, tan traumático. Ojalá así sea analizada.

Desde el jueves 31 de mayo al viernes 8 de junio a las 21.30 hs en la Sala Leopoldo Lugones.

Todos los sábados de junio a las 20.00 hs en MALBA

Licenciada en Artes de la Universidad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Artes de UMSA. Directora de Leedor.com. Forma parte de Fundacion Cineteca Vida.

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